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    VOCES

    Richard Büchi

    Retratos: Felipe Díaz

    Ingeniero civil industrial de profesión, durante 17 años -entre 1994 y 2011- ocupó la gerencia general de Entel, liderando una etapa clave en la historia no solo de la empresa, sino de las telecomunicaciones a nivel mundial. En esos años decisivos, apostó tempranamente a la introducción de la telefonía móvil y a la masificación de Internet, al tiempo que recorría todo el país evaluando las necesidades para conectar distintos territorios y creaba importantes lazos internacionales. Hoy, desde el directorio de la empresa, comparte sus historias y experiencias.

    La gran apuesta

    “Cuando Entel se abrió al mundo, empezó a entender cómo comercializar, vender, mostrarse, y encantar a los consumidores. En el año 94 se produjo un cambio gigantesco con el multicarrier y la empresa se hizo muy visible a nivel país con el 1,2,3. Eso marcó un hito importante, porque dejamos de ser una empresa exclusivamente de ingeniería”.

    “Lo más importante fue el desafío estratégico. Hasta principios de los 90, Entel era una empresa de larga distancia, que conectaba grandes corporaciones con líneas directas. Uno de los grandes aciertos en ese cambio de etapa fue apostar a la telefonía móvil, una cosa por la que, en ese entonces, nadie apostaba. Nuestro referente era Estados Unidos, pero en esos años ni ellos habían desarrollado tanto esto de los celulares. Pero sí Europa y ahí pusimos el ojo. Acá en Chile me decían: ‘Tú estás loco, eso es un servicio de lujo’. Y yo les contestaba: ‘No, esto va a ser el reloj de las personas’. Estaba convencido de eso”.

    “Yo no era un experto en telefonía móvil, tampoco soy un experto en tecnología. Los méritos se los tienen que llevar cada una de las personas que han trabajado en esta empresa. Pero sí siento el mérito de haber impulsado a destinar todo el esfuerzo y energía a desarrollar el negocio de la telefonía móvil. Esa visión estratégica le dio sustento financiero a la empresa, y al mismo tiempo la cambió fundamentalmente”.

    “El celular va a ser como el reloj de las personas”, vaticinaba Richard Büchi en los 90

    Un mundo nuevo: el Internet

    “Paralelamente, en esos años empezaba a despegar Internet y queríamos estar presentes. Teníamos que hacerlo a través de otras empresas telefónicas, simulando el esquema que se usaba para las llamadas de larga distancia. De esa forma, logramos ser el principal operador de Internet en aquella época, y eso mismo nos hizo darnos cuenta que teníamos que tener una red propia para llegar directamente a los clientes. Decidimos hacer el esfuerzo.

    Con la irrupción de Internet, se empezó a desarrollar todo lo que se llamó la nueva economía: eBay, Amazon, etc. Vivimos toda esa explosión, incluso hicimos una página web de tipo eBay. Experimentamos muchas cosas en esa época, visitamos a muchos de estos emprendedores del mundo. Nadie sabía qué era lo que iba a pasar. ¿Acaso Google iba a tener éxito? Todo era apostar por las ideas. Fueron momentos increíbles”.

    Conectar Chile y a Chile con el mundo

    “Recorrí Chile miles de veces. Eran visitas de conectividad, siempre asociadas a alguna actividad de arte o cultura. Estuvimos presentes en todas partes. También exploramos opciones para desarrollar negocios en Sudamérica, Centroamérica y hasta en Estados Unidos. Los de Sudamérica, salvo el posicionamiento que tuvimos en Perú, fueron pequeños esfuerzos que no prosperaron. En Estados Unidos sí hicimos un esfuerzo gigantesco en posicionarnos como un operador de larga distancia para el mundo latino”.

    “Fueron experiencias muy bonitas que permitieron que mucha gente de Entel viera otras realidades. Si bien fueron negocios sin pérdidas, pero que tampoco prosperaron, sí sirvieron para crear esta unión, esta forma de ser equipo, de ser familia, de desafiarse, de sentirse importantes en el mundo”.

    El corazón de Entel

    “La gente que trabaja en Entel ama su empresa. Cuando los colaboradores se van, se siguen juntando entre ellos. Yo mismo, todavía me veo con muchos ex-entelinos que salieron hace 5, 20 o 30 años atrás. Siempre hablando de lo que hicimos, de lo que no hicimos, con la camiseta y el corazón bien puesto. Esta es una empresa muy linda.


    También es una empresa muy racional. Tiene orígenes ingenieriles y técnicos, y eso todavía está en su hardware. Nació orientada por el Estado para resolver problemas de comunicación después del terremoto del 60. A partir de eso se instalaron microondas y estaciones satelitales, con el objetivo de conectar al país de norte a sur, de cordillera a mar y a Chile con el mundo, como decimos siempre. Entel es una empresa muy chilena, esa es una gran forma de definirla”.


    Guillermo Cifuentes

    Ingeniero civil electricista, llegó a Entel en 1976 y actualmente se desempeña como especialista en redes satelitales senior. Retratos: Felipe Díaz

    Pronto a cumplir 50 años de carrera, conoce al dedillo el funcionamiento de la comunicación satelital desde sus inicios -cuando había tres satélites de telecomunicaciones disponibles para el Hemisferio Occidental- hasta hoy, que transitamos hacia un cielo sobrepoblado de pequeños pero poderosos aparatos capaces de transformar nuestro smartphone en un teléfono satelital. Desde 2020 ha estado ocupado probando e instalando en terreno los equipos de Starlink, que ya están funcionando en Rapa Nui y la Antártica.

    Los inicios

    Adiós a la NASA

    “Hice mi práctica en el verano de 1975 en la NASA, cuando estaba aquí en Chile. Estuvieron hasta los años 80 más o menos, después le pasaron las instalaciones a la Universidad de Chile y luego lo compró una empresa sueca, que es la dueña actual de esos terrenos en Peldehue. Yo ya sabía que la NASA se iba y a mí me había encantado, me habría quedado ahí. No sabía mucho qué hacer, en el intertanto incursioné en electromedicina y luego decidí postular a Entel. Había un concurso para entrar al tema del satélite, pero cuando me tomaron el examen para ingresar, yo no sabía nada de satélites. Lo de la NASA nomás, pero no aplicaba porque esos eran satélites de prospección, meteorológicos, no había satélites de comunicaciones. Entonces me fue como la mona en la interrogación, pero se les ocurrió preguntarme sobre modulación de pulsos codificados, y ese era el tema que yo había estudiado para electromedicina. Entonces quedé adentro. Lo que pasaba era que teníamos acceso a satélite en Chile, pero solo se usaba con fines internacionales y casi mayoritariamente intercontinentales. Y estaba la necesidad de comunicar la ciudad de Punta Arenas con el resto del país, porque no tenían comunicaciones. Yo entré para ese proyecto, en el año 76, y desde esa fecha he estado metido en el tema: satélite, satélite, satélite”.

    Conectando la polinesia

    “A fines de los 80, se llamó a una licitación para instalar estaciones satelitales en lugares muy aislados como Puerto Williams, Palena, Futaleufú. Se partió por el extremo sur, pero a última hora subieron a Isla de Pascua. Entonces el jefe, Alfonso Pino, nos llamó a dos ingenieros y nos dijo: ‘a ustedes dos les voy a asignar los lugares, y los más emblemáticos son Puerto Williams e Isla de Pascua’. Yo estaba frito ahí, sin posibilidad de elegir. Y mi colega saltó y dijo: ‘¡Por ningún motivo, jamás me iría a Pascua!’. Y yo me reía solo imaginándomelo a él en el sur con mucho frío, mientras yo partía a Isla de Pascua con sol y collares de flores. El llamado a licitación fue en 1989. Viajé a Pascua para ver qué íbamos a hacer, dónde íbamos a instalar la estación, y después, el 1º de enero del 90, partí a Pascua por un mes para echar a andar todo. Hasta el día de hoy tengo grandes amigos allá en la isla”.

    Fotografías: Archivo Guillermo Cifuentes

     Las VSAT, creadas en los años 90, son antenas más pequeñas y poderosas
    Las VSAT, creadas en los años 90, son antenas más pequeñas y poderosas

    La evolución

    “En los 90, las coberturas de los satélites empezaron a ser más focalizadas, más reducidas, entonces la energía que antes se dispersaba en todo el océano la empiezas a concentrar y eso permite que haya antenas cada vez más pequeñas. En 1992 se creó lo que se llama VSAT, Very Small Antenna Terminal. Medían solamente 2,4 metros de diámetro. Van arriba a unas torres, tú con una antena más pequeña ya podías recibir esa señal del satélite. La ganancia de eso es que puedes ir a más puntos, porque no es la idea estar eternamente poniendo antenas gigantes de veintitantos metros”.

    Potenciando la red en Rapa Nui

    “En 2013 el gobierno hizo dos llamados, una para Juan Fernández y otro para Isla de Pascua. Pidieron una capacidad mínima de 28 Mb por segundo para Internet. Y nosotros calculamos que con el satélite geoestacionario y una antena de 7.2 metros podíamos dar esa velocidad. Pero justo estaba saliendo una empresa nueva que tenía cuatro satélites nomás. Imagínate: cuatro satélites girando alrededor de la Tierra, digamos que uno está arriba de tu cabeza el otro está en los chinos, abajo, otro en el horizonte aquí y el otro en el horizonte allá. Era como bien loca la idea, pero nos tiramos, porque esos satélites están más bajos que los geoestacionarios, a 8 mil kilómetros de altura, y te dan más velocidad. La empresa se llamaba O3B, un nombre de fantasía que significa Other 3 Billion. La idea de su fundador, un señor que se llama Greg Wyler, era llegar a 3 mil millones de personas que no tenían en ese momento comunicación. Y partimos en Isla de Pascua no con 28, sino con 200 Mb por segundo. Era caro, y tenía un subsidio del Estado, pero te podías dar el salto de 28 megas a 200 megas. Un lujito para Isla de Pascua. Lo entregamos en 2015 y todavía funciona”.

    Cifuentes a los pies de la antena Longovilo 1, en la estación satelital del mismo nombre

    Un cohete de SpaceX despega con 58 satélites LEO desde Florida en 2020
    Un cohete de SpaceX despega con 58 satélites LEO desde Florida en 2020

    MEO versus LEO

    “Luego de los satélites geoestacionarios que giran junto con la Tierra, están los de media altura como este sistema que funciona en Isla de Pascua. Se llaman MEO, Medium Earth Orbit. Y por el 2020 ya empiezan a aparecer los satélites de baja altura, los de Elon Musk que se llaman LEO, Low Earth Orbit, y están a 200 y hasta a 2 mil kilómetros de altura. En el 2020 empezamos a estudiarlo, y en el 2021 me compré una antenita. Y después de Starlink, la gente que fabrica esto, me enviaron una sin costo, una pequeñita que acabo de instalar en el patio de la casa”.

    Probando en el observatorio

    “El año pasado se instaló el primer sistema Starlink profesional en Santiago. Lo hizo un tipo con el cual tuve la suerte de trabajar durante una semana en el Cerro Calán. Él lo configuró, hizo todo. Tuvimos una semana muy buena trabajando en el observatorio y allá hicimos las pruebas para conectar a Starlink todas las tecnologías 2G, 3G, 4G y 5G. Fuimos al Cerro Calán, la idea era probar la conexión de esa área de la ciudad con esta antena nueva, a ver cómo funcionaba el satélite de Starlink. Entonces el director del observatorio nos prestó una sala especial que tiene aislada para poder probar. Éramos poquitas personas, los investigadores franceses, chinos y los que trabajan en el observatorio. Con ellos hicimos las pruebas y funcionó. Funcionó perfecto. Después de eso, nos fuimos a Pascua con las antenas nuevas y en enero de este año hicimos lo mismo en Antártica, se inauguró los primeros días de marzo. La que usamos en el Cerro Calán la probamos para un reemplazo de microondas en El Monte y ahora está guardada. Y ahora estamos con el pan dentro del horno para llevar esto a todo Chile”.

    Pedro Carcuro

    Periodista, relator y comentarista de radio y TV. Ilustración: Luis Mazón

    A través de la radio y la televisión, la voz del periodista deportivo Pedro Carcuro ha relatado para todo Chile mundiales de fútbol, juegos olímpicos y otros importantes torneos deportivos desde la década del 70. Desde esa tribuna, ha sido testigo de las más increíbles hazañas del deporte nacional e internacional, entre ellas lo que se conoce como ‘la Mano de Dios’, el gol de Diego Armando Maradona a Inglaterra en 1986, dentro de un partido efervescente y político, en la primera Copa del Mundo transmitida por televisión a todo Chile.

    El Mundial en la tele

    “El primer mundial que se transmite en directo en Chile desde el extranjero es el mundial de 1970, el de Pelé. La TV tenía una repercusión limitada, pero lo transmitieron los tres canales en conjunto: TVN, Canal 13 y Chilevisión. En ese momento era un producto que, sin el equipo de Chile dentro, llegaba solo a un público fanático del fútbol. La selección chilena volvió al campeonato del mundo en Alemania 74’, así que ese torneo tuvo alta repercusión en el país. Además, había pasado poco tiempo del golpe militar y había mucha efervescencia política en torno a la selección, lo que le dio un ambiente particular y el campeonato mundial comenzó a agarrar vuelo en Chile”.

    Carcuro en México 86 y algunas de las imágenes históricas de ese torneo Fotografías: Archivo Histórico – Cedoc Copesa y agencias


    “No estuvimos con la selección en el Mundial del 78’ en Argentina, pero el gusto por el fútbol iba creciendo y alcanzó su primer peak en 1982, con el camino al Mundial de España. Clasificamos invictos y hubo un boom de venta de televisores a color, con enormes ilusiones que fueron destruidas. Luego, en el 86’, el espectáculo generaba mucha expectativa, las compras de televisores se multiplicaron, y era necesario contar en nuestro país con la tecnología adecuada para que lo pudiese ver la mayor cantidad de gente. Esto ocurrió con los equipos que instaló Entel para recepcionar imágenes y repartirlas por todo el país, en regiones. En ese momento tuvimos un salto cualitativo en la forma de transmitir”.

    México 86 y La Mano de Dios

    “La Copa Mundial de Fútbol de México 1986 fue la primera que se transmitió en directo a todo Chile, y tuvo dos puntos muy atractivos. Lo primero: en España 1982, Maradona había quedado en deuda como la gran figura que tenía que reemplazar a Pelé. Aparecía como su heredero natural, quien recibía la posta. Lamentablemente, Argentina falló en obtener la Copa, eliminada por Italia, que al final fue el campeón. El 86’ aparecía como la segunda y última oportunidad para Maradona de recibir este relevo”.

    “Lo segundo: la gente comentaba con mucho morbo la confrontación entre Argentina e Inglaterra, lo que le daba la posibilidad a Argentina de tomar la revancha en un campo de fútbol por la tragedia que había vivido el país con la derrota y sufrimiento en la Guerra de las Malvinas en 1982. Recuerdo que fui a reportear este partido antes de que se jugara. En medio de un montón de periodistas en el campo de entrenamiento, logré preguntarle a Maradona si el partido con Inglaterra era un partido o algo más. Se enojó mucho y no me contestó”.


    El deporte nos une

    “La innovación tecnológica es una de las características de estas grandes competencias deportivas, avances que después repercuten en lo cotidiano y en el desarrollo de la industria en un país. Cada mundial tiene su propia historia. Es la fiesta mayor del fútbol y por lo tanto uno va siempre cargado de muchas expectativa. Pero ya no es solo fútbol lo que quiere ver la gente: el año pasado hicimos unos Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Santiago 2023 fantásticos. Fue una sorpresa muy agradable porque demostró que la gente no solo se fascina con un partido de Chile en la final de la Copa América. Los índices de audiencia que tuvo la televisión fueron muy altos, particularmente TVN, donde tuve la suerte y la oportunidad de participar”.

    Fotografías: Archivo Histórico – Cedoc Copesa y agencias

    Rodrigo Guendelman

    Periodista, fundador de Santiago Adicto. Retrato: Felipe Díaz, desde la cima de la Torre Entel

    La torre más querida

    “Durante más de dos décadas, la Torre Entel fue la construcción más alta de Chile. Sus 127 metros de altura, su ubicación en el corazón de la ciudad, su esbeltez, el hormigón a la vista de gran parte de su estructura y esa morfología que hace pensar en la antorcha de un antiguo telégrafo hidráulico, hacen de la torre muchas cosas a la vez: una escultura, un punto de referencia, una zona de encuentro, un orgullo capitalino, un ejemplo de la capacidad del Estado a través de las empresas públicas y, posteriormente, de la empresa privada; así como también un espacio para jugar con la imaginación de los habitantes de Santiago a través de las intervenciones realizadas en el Festival Hecho en Casa. No hay duda alguna, la Torre Entel es la obra en altura más querida en Chile”.

    Consuelo Saavedra

    Periodista, conductora de radio y TV. Ilustración: Luis Mazón

    “Cuando pienso en mi trabajo antes de la Internet, recuerdo mi archivo de recortes de diarios. Me demoré años en armarlo (debo haber tenido unos 25 cuando lo empecé) y era mi orgullo. Pero deshacerme de él también fue liberador. Ahora tengo todos los contenidos imaginables en la palma de mi mano… y nuevos problemas. Porque si antes de Internet dedicaba mucho tiempo a recopilar información, hoy dedico mucho tiempo a descartarla. Se podría pensar que gracias a Internet, hacer periodismo es más fácil. Claro, si el ‘plantón’ esperando a un ministro fue reemplazado por un WhatsApp y la visita a la biblioteca por una búsqueda online. Pero para nosotros los periodistas, la exigencia y responsabilidad son mayores porque hoy cada lector es un potencial editor, con acceso a la misma información que uno en la palma de su mano, y con la posibilidad cierta de convertirse en su propio medio de comunicación, para bien o para mal. La sobreabundancia de datos y la instantaneidad se volvieron armas de doble filo. Aún así, el universo de posibilidades, creatividad y conocimiento que nos dio Internet a los periodistas no lo cambiaría por nada, ni siquiera cuando me ataca la nostalgia por mis amarillentos recortes del diario”.

    Andrés Bravari

    Ingeniero civil electricista, 79 años. Retratos: Felipe Díaz

    Andrés Bravari llegó a Entel en 1967 y es uno de los 3 ingenieros de Beauchef que protagonizaron el nacimiento de las telecomunicaciones satelitales de Chile. Tras los controles de Longovilo celebró la primera Navidad de su hija recién nacida, sufrió reparando con sus propias manos las inesperadas fallas de algunos equipos, y en julio de 1969 le apuntó al satélite para transmitir en vivo la llegada del hombre a la Luna.

    Facultad de Ingeniería Universidad de Chile en 1969. Fotografía: Archivo Fotográfico Dirección de Arquitectura (AFDA)

    El sueño y la ficción

    “Estábamos terminando los exámenes a finales del 66 y llegaron a nuestra Escuela en la Universidad de Chile dos ingenieros que habían salido de ahí mismo hacía unos 4 o 5 años. Eran Patricio Perelman y Patricio Díaz, y querían contratarnos a mí y a otros dos compañeros -Alejandro Ulloa y Hardy Schmidt- para un proyecto muy novedoso, muy raro, muy loco que me despertó absolutamente las ganas, porque yo siempre me sentí fascinado por las cosas espaciales”.


    “De niño me iba a una feria de libros viejos que estaba en la Alameda. Cachureaba todo lo que podía y compraba libritos, por ejemplo de Philip K. Dick y por supuesto leía a Arthur Clarke, el escritor británico que en los años 40 había imaginado que con tres satélites geoestacionarios se podía cubrir el 90% de la superficie habitada de la Tierra”.

    “Yo crecí fascinado pensando en esos satélites, serían como tener una torre de 36.000 kilómetros de altura. Así que cuando llegaron estos ingenieros a hablarnos de este proyecto pionero, trabajar acá en Chile en la primera estación latinoamericana, era como un sueño para mí”.

    Los niños del satélite

    Los niños del satélite

    “Con Alejandro y Hardy fuimos como los tres niños del proyecto. Teníamos poco más de 20 años. Firmé contrato y llegué a trabajar el 2 de enero del 67, a las 8.30 de la mañana al centro. Éramos 6 u 8 personas. Estábamos en el Edificio España, un edificio que entonces era muy moderno, en la calle Estado con Huérfanos. El tercer piso era la gerencia, el área de ingeniería estaba en un entrepiso, en el octavo estaba la sala de equipos y arriba, en la azotea, estaban las antenas. Eso era Entel en ese momento”.

    Armado de la antena Longovilo 1 Fotografías: Archivo Andrés Bravari

    “En enero del 68 nos mandaron a un curso de entrenamiento de operación y mantención de estaciones terrenas y ahí partimos los tres juntos a Estados Unidos. Estuvimos un mes en Boston, después 15 días en Hawaii, luego a Filipinas, donde estaban armando una estación muy similar a lo que iba a ser nuestra Longovilo”.

    “Cuando volvimos, nos acoplamos a un curso que habían contratado para el personal de acá, con dos de los técnicos con los que habíamos trabajado en Boston. Ya éramos amigos. Ese curso terminó poco antes de la inauguración, que fue en julio de ese año”.


    Santiago Astraín, el primer gerente general de Entel, en Longovilo. Fotografía: Archivo Entel

    Los padres fundadores

    “Santiago Astraín, Juan Daycard, Enrique Claude… son nombres grandes en la historia de las telecomunicaciones que me tocó conocer. Todos ellos venían de Endesa. Santiago Astraín tenía una increíble visión de futuro. Lideró dentro de las Naciones Unidas la formación de Intelsat, que era una entidad sin fines de lucro de la cual los países eran signatarios, y en base a su estimación de tráfico o a lo que ocupaban del sistema aportaban capital todos los años para el desarrollo y mantención de los primeros satélites de comunicaciones.


    El primero se lanzó sobre el Atlántico en 1965, el Intelsat I (Early Bird), que sirvió experimentalmente. Y de ahí nació la serie de los satélites Intelsat II, III, IV y V. Ahí se pudo formar la red, la misma de la que hablaba Arthur Clarke 20 años atrás, porque quedó un satélite en el Atlántico, otro en el Pacífico, otro en el Índico. Y Chile ya en esos años tenía acceso a esa red”.

    Inauguración

    “Poco después de mediados del 67 se hizo en Longovilo la ceremonia de la Primera Palada de Tierra (no la Primera Piedra en este caso), a cargo de don Santiago Astraín, el primer gerente general de Entel. Y luego empezaron a llegar cosas, primero para la construcción de los edificios y luego la antena. Imagínate, esas piezas enormes, ver el armado de la primera antena satelital de Latinoamérica. Estábamos todos fascinados.

    Y llegó el día de la ceremonia. Estuvo Eduardo Frei, que era el Presidente de la República cortando la cinta. Yo diría que estuvieron todos los ministros, personas importantes”.

    Armado de la antena Longovilo 1 e inauguración de la estación satelital por el presidente Eduardo Frei Montalva Fotografías: Archivo Andrés Bravari y archivo Entel

    El compromiso

    “Cuando sonaba la alarma de interrupción de tráfico todos corríamos y llorábamos poco menos, era escalofriante. Me acuerdo de haber estado trabajando literalmente a pata pelada, metido en el agua en la noche porque uno de los enfriadores de los sistemas de alta potencia se había roto. Era una pana muy seria, porque no se podía transmitir. Es que eso fue importante, el espíritu que se impregnó en todo este grupo nuevo fue hacer las cosas de la mejor manera posible. Que la señal no se cayera nunca.

    Teníamos turnos 24 horas. Yo estaba recién casado y nos fuimos a vivir con mi señora a Melipilla, para estar más cerca de Longovilo. Pero igual nos tocaba estar tres días dentro y tres fuera, era terrible, y nosotros con una guagua. En la Navidad, mi señora fue a acompañarme a la estación con mi guagua. La Paola, mi hija, vivió su primera Navidad en Longovilo”.

    Esquema de la transmisión del alunizaje

    Desde la Luna, 19 de julio 1969

    “Cuando empezamos la operación de la antena, cada uno de nosotros se hizo cargo de un área de equipos. Y yo quedé a cargo del área de multiplexión, que era montar canales uno encima del otro, del área de televisión y del área de amplificadores criogénicos. Los temas de los equipos de televisión los veía yo. Y la transmisión desde la luna era televisión.


    Entonces, cuando se acercaba la fecha del alunizaje, empezó el problema de la falla del satélite del Atlántico, donde estábamos conectados nosotros. Ese satélite no iba a poder transmitir, y eso fue fortuito. Entonces supimos que la señal de video solo estaría disponible desde un satélite del Pacífico, que para nosotros estaba casi bajo el horizonte.


    Ese día, con la autorización del Presidente de la República cortamos todos los servicios internacionales que prestábamos a través del satélite del Atlántico, movimos la antena y la apuntamos a través de un portezuelo de la Cordillera de la Costa buscando por el horizonte hasta que apareció el otro satélite. ¡Una locura! Ahí empezaron a llegar las primeras imágenes de prueba”.

    “La transmisión fue de noche y duró varias horas, y allá a la estación llegaron unas 60 personas a verla, puras visitas, porque no podía llegar cualquiera. Fue muy especial. Fue bonito. Lo viví y lo recuerdo con harta emoción y en el momento con toda la adrenalina encima, porque era una responsabilidad grande que esto llegara y se difundiera. Era un riesgo permanente perder la señal.


    No es como que uno se cuelga y ya está. No, esas cosas hay que mantenerlas vivas. Era parte de estar cumpliendo la misión que nos habían dado conectar al país internamente y con el extranjero. Y ahí estábamos demostrando que estábamos conectados en vivo con el resto del mundo y, en este caso, con la Luna”.

    José Maza

    Astrónomo, Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999. Ilustración: Luis Mazón

    Una señal histórica del espacio

    “Fui testigo presencial de la llegada del hombre a la Luna. Fuimos privilegiados de verlo de primera mano. Significa que Chile estaba a la vanguardia en conexiones vía satélite en ese momento, y que gracias a la estación de Longovilo y algunas otras condiciones pudimos recibir la señal. Para mí fue una gran emoción. Al ver llegar a los astronautas del Apolo 11 a la Luna, al ver bajar de la nave a Neil Armstrong, al verlo pisar el suelo y decir su famosa frase: ‘Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad’, yo estaba plenamente consciente de que estábamos viendo un fenómeno histórico. Y también fue emocionante pensar que los seres humanos, estos monos con dos patas que somos todos nosotros los homo sapiens, desarrollamos una tecnología tal que nos permitiera llegar exitosamente a 384.000 kilómetros en el espacio hasta nuestro satélite natural. Lo sigo encontrando extraordinario, es algo que uno tendría que tener presente todos los días”.

    “A todos los jóvenes, estudiantes, les digo: este no es el siglo del conocimiento, es el siglo de la información. La información está en nuestras manos, en nuestro smartphone: hoy yo ‘me conecto, luego existo’. La vida de los jóvenes va a ser en 100 años más y la evolución tecnológica es tan rápida que no sabemos qué pasará en 50 años más. Los que piensen mejor serán los que se adapten a este cambio que es inevitable”.

    Eduardo Carmi

    Ingeniero civil eléctrico, 83 años. Entró a Entel en 1965. Retratos: Felipe Díaz

    La primera red de microondas de Santiago hacia el sur, la elección del lugar para la primera estación satelital de Latinoamérica, el emplazamiento de la Torre Entel, el extenso despliegue inaugural de la fibra óptica en Chile. Pocas historias y procesos se escapan de la experiencia de este ingeniero en casi 40 años dedicados a las telecomunicaciones.

    Postes del sistema de telecomunicaciones en Chile anterior al despliegue de la red de microondas

    El big bang

    “Antes de que se formara Entel, las comunicaciones de Santiago a Concepción iban por unos postes de madera de la antigua compañía de teléfonos, la ITT (International Telephone & Telegraph). Imagínate un postecito a la orilla del camino cada 40 metros con una cruceta arriba y 40 cables. Imagínate que solamente de Santiago a Chillán hay 400 kilómetros. Si dividides por 40 metros ¿cuántos postes te da? Como diez mil postes de madera. Entonces, si un camionero se quedaba dormido de aquí a Chillán, se salía de la carretera y botaba uno de esos 10 mil postes, se cortaban todas las comunicaciones. Se cortaban también, por terremotos, por los vientos, podía pasar por cualquier cosa. Era un sistema muy frágil. La compañía de teléfonos de esa época estaba planificando una red de microondas. Habían traído unos equipos de la marca Standard Electric Lorentz, para llegar de Santiago a Concepción”.

    El presidente Jorge Alessandri Rodríguez. Fotografía: Copyright© “Colección Museo Histórico Nacional”
    El presidente Jorge Alessandri Rodríguez. Fotografía: Copyright© “Colección Museo Histórico Nacional”

    “Pero había formas distintas de ver el tema desde el punto de vista político. La ITT era una transnacional gigantesca, una empresa extranjera con una filial en Chile. Como todas estas empresas multinacionales, lo que más le interesaba era sacar el máximo de utilidades posible, utilizando una gran cantidad de equipos sobre los que podían rentar. Entonces el presidente Don Jorge Alessandri Rodríguez, en el año 64 -el año anterior al que yo entré a Entel- paró el proyecto de la ITT, les revocaron la concesión y mandataron que fuera el Estado el que desarrollara una red de microondas de Santiago hasta Concepción”.

    Un cerro cada 60 km

    “La comunicación por microondas funciona con radioestaciones que generalmente se ubican en las puntas de los cerros. En esos años, como en esos cerros no había nada, había que hacerles un camino, construir una línea eléctrica, una radio estación y una torre según las necesidades del enlace con la repetidora siguiente. Las estaciones hay que ubicarlas más o menos entre 50 y 70 kilómetros de separación”.

    Instalaciones de microondas en el cerro El Roble, entre la Región Metropolitana y la de Valparaíso Fotografía: Archivo Eduardo Carmi

    “Eso significaba que nosotros teníamos que elegir un cerro cada 60 kilómetros, desde Santiago hasta Concepción para partir. ¡Imagínate el avance! Reemplazar 500 kilómetros de cables con postes de madera por una red de microondas en sólo 8 enlaces. La red partía en la primera antena, que estaba en la parte alta del Edificio España, en Estado con Huérfanos. Un edificio muy bonito, en su tiempo era muy moderno. Ahí estaban las oficinas y ahí pusimos las primeras antenas y equipos”.

    El enlace de Chillán, situado en el centro de la ciudad Fotografía: Archivo Eduardo Carmi

    “Del Edificio España saltábamos directamente a San Francisco de Mostazal, que está cerca de Rancagua. Después al Centinela, en San Fernando, un poquito al sur Zapallar que está frente a Curicó, luego al Peñón en Talca, y del Peñón íbamos un salto muy largo de casi 100 kilómetros a una radioestación cerca de Parral que se llama Cerro Zemita. Luego llegamos a Chillán. Ahí hay una estación en la Plaza de Armas, que conecta con Zemita por el norte y con Cayumanqui por el sur. Así llegamos a Concepción en 8 saltos, en vez de miles de postes. Usamos menos que los 12 saltos proyectados por ITT, entonces extendimos el cordelito y llegamos hasta Temuco con los mismos recursos: de Cayumanqui extendimos los enlaces a Los Ángeles, Victoria y Temuco. Terminamos por ahí por el año 67 ó 68”.

    Esquema de la red troncal sur con todas sus estaciones Fotografía: Archivo Eduardo Carmi

    Espejos en la cumbre

    “Para definir las estaciones, teníamos que salir a terreno para detectar la visibilidad de un punto A a un punto B. ¿Cómo detectas que hay visibilidad directa? Porque eso tiene que pasar para que funcionen las microondas. Entonces usábamos distintas técnicas. Nos subíamos dos equipos de personas a la punta de los dos cerros, cada uno con un espejo. Y así nos hacíamos señales de luces. Teníamos unos equipos móviles, que eran como del porte de una maleta, pero no siempre funcionaban. Los espejos eran más seguros. Sincronizábamos nuestros relojes y nos poníamos de acuerdo para hacer señales cada 5 minutos”.

    En los años 60, los espejos eran el método más seguro para no tener dudas de la visibilidad entre una antena y otra

    “Los cerros los subíamos en camioneta y después, cuando no se podía más, a patita no más. Éramos como tres en el equipo, más un chofer. Íbamos con taquímetro, trípode, los equipos móviles y por supuesto el espejo. Muy rara vez accedimos a un helicóptero, que se le arrendaba a una empresa llamada Helicopt Services. En general el helicóptero se usaba más para la red del norte, porque los cerros son más altos. Yo me quedé mucho tiempo en la red sur, de hecho después me tocó implementar la Carretera Austral, partiendo de Puerto Montt a Ancud, a Chaitén, El Amarillo, La Junta, Villa Lucía, hasta llegar a Puerto Aysén. También hicimos un enlace de Puerto Aysén a Puerto Chacabuco y de Puerto Aysén a Coyhaique”.

    Instalaciones a lo largo de Chile en los 80 y 90 Fotografías: Archivo Eduardo Carmi

    “El primer enlace desde Santiago al sur fue complicadísimo por las difíciles condiciones de visibilidad. Hice unos cálculos por aquí y por allá, y llegué a la conclusión de que el cerro 866 en San Francisco de Mostazal debía tener visibilidad directa con el edificio España, donde iba a estar nuestra antena. Subimos ese cerro un montón de veces. Una de esas veces tuvimos un percance tratando de pasar sobre unos espinos, y se nos quebró el espejo. Llegamos arriba igual a intentarlo con los pedazos que habían quedado, pero no funcionó. No hubo señal de vuelta. Nos volvimos medio frustrados a Santiago y le pregunté a los muchachos, unos ingenieros en práctica que había dejado encargados de apuntar el espejo en el Edificio España, qué había pasado. Uno de ellos me dijo: ‘Estuvimos arriba hasta las 2:30 y después nos fuimos a almorzar’. Casi lo maté. Me habían dejado plantado, literalmente en la punta del cerro”.


    “Las microondas fueron reemplazadas posteriormente por un sistema de mucho mayor capacidad, la fibra óptica, ya en la década de los 90. A mí me tocó instalarla entre Santiago y Valdivia. La fibra óptica es un cable, que teníamos que instalar dentro de unos tubos de plástico duro que iban al fondo de una zanja. Imagínate, hicimos 900 kilómetros de zanjas, pasando por los lugares más increíbles, atravesando desde ríos hasta bombas de bencina”.

    El valle de Longovilo

    “Mientras seguíamos instalando la red troncal sur, nos asignaron otra misión en la cual participé activamente. Entel había echado a andar un proyecto súper ambicioso: una estación para recibir y enviar señales a través de satélites comunicacionales, que recién se estaban lanzando al espacio y se utilizaban entre EE.UU. y Europa. Lo que a nosotros nos tocaba era ubicar un lugar, un vallecito, que estuviera lejos de la red troncal y lejos de los radares de los barcos que corrían por el mar. Recorrimos muchísimos lugares en los valles centrales, y Longovilo, cerca de Melipilla, salió ganador, porque tenía unas condiciones geográficas que daban muy buena aislación. La antena satelital tenía que estar blindada de cualquier señal que viniera de los barcos, de la Armada, de los particulares y de las microondas. Tenía que estar casi como un cráter lunar, por decirlo así. Yo trabajaba con un taquímetro, viendo el perfil de los cerros. Y vimos que en Longovilo, con las elevaciones de los cerros circundantes, cualquier cosa que pasara detrás de esos cerros no molestaba a la futura estación terrena en el vallecito”.

    Alto en la torre

    “¿Sabes por qué la torre de Entel está donde está? Tenía que cumplir con muchos requisitos: visibilidad para conectarse por microondas con las primeras estaciones de la red troncal norte y sur, y con los enlaces de derivación a Valparaíso y a Talagante, que llegaba a Longovilo vía Melipilla. Además, nuestro principal cliente era la Compañía de Teléfonos y necesitábamos estar cerca. Ellos estaban en San Martín y nosotros nos pusimos en Amunátegui, también cerca de La Moneda, de las Fuerzas Armadas, los ministerios, los bancos. Otras personas sugerían la punta del Cerro San Cristóbal. Pero la punta del Cerro San Cristóbal tenía varios inconvenientes, de partida no hay mucho espacio. No podríamos haber hecho esta torre, que tiene cuatro subterráneos, cada uno de 2.500 metros cuadrados, llenos de equipamiento. Una cosa es lo que se ve de la calle, pero abajo están las centrales de datos, el grupo electrógeno, toda la parte industrial. Abajo hay todo un mundo impresionante”.

    Santiago Astraín

    El primer gerente general de Entel. Ilustración: Luis Mazón

    Ingeniero del futuro

    Esta es la historia de cómo una visión del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke y el hallazgo de un valle “parecido a un cráter lunar” cerca de Melipilla marcaron el posicionamiento de Chile, en los años 60, como pionero satelital sudamericano. Santiago Astraín comandó ese viaje al futuro con una tripulación de jóvenes ingenieros que, bajo su liderazgo, llevaron las telecomunicaciones nacionales a la vanguardia de los tiempos.

     Ilustración de un cráter lunar
    Ilustración de un cráter lunar

    Con el sueño de captar señales desde fuera de la Tierra, un grupo de recién egresados ingenieros recorrieron caminos rurales y zonas de sembradíos por todo el valle central. Buscaban un lugar sin interferencias para una gran antena que apuntaría a las estrellas y haría que Chile lograra algo que a mediados de los años 60 aún sonaba a ciencia-ficción: comunicarse con el mundo vía satélite. Arthur C. Clarke, divulgador científico y autor de la novela “2001: Odisea del Espacio”, el texto que inspiró la película homónima de Stanley Kubrick, había visionado aquel sueño ya en 1945, en su artículo “Retransmisiones extraterrestres: ¿pueden las estaciones de cohetes ofrecer cobertura de radio mundial?” versaba sobre la posibilidad de lograr comunicación global a través de satélites geoestacionarios, es decir, en órbita fija sobre distintas áreas del planeta.

    Tras varios meses, los andariegos dieron con el lugar perfecto: Longovilo, un valle cercano a Melipilla rodeado por la Cordillera de la Costa y cadenas de cerros que lo blindaban de la recién instalada red troncal de microondas y también de las señales de los barcos. “No sé si te imaginas un cráter lunar: una cosa plana con levantamientos en los alrededores”, relata Eduardo Carmi, uno de los que dio con la locación perfecta.


    Dos revoluciones

    El primer satélite de comunicaciones comerciales, el Telstar 1, se lanzó en 1962, dos años antes del nacimiento oficial de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones Entel, con Santiago Astraín (1918-2008) como su primer gerente general. En la biografía de Astraín se cruzan continentes y países: su padre de ascendencia vasca llegó desde Bolivia a instalarse en San Fernando, en Colchagua. Los viajes empezaron temprano para el joven Santiago, que termina su educación secundaria en el capitalino internado Barros Arana. Aún no egresaba como ingeniero civil eléctrico de la Universidad de Chile cuando se integra a Corfo, que entre 1943 y 1946 lo destina a su oficina en Nueva York.

    El Telstar 1 antes de ser lanzado al espacio en su taller de fabricación en New Jersey

    Quitado de bulla pero bien conectado con el primer mundo, el ejecutivo empujó la idea de construir en la parte austral de Sudamérica un centro que captara señales de los incipientes artefactos en órbita. Y eso fue la Estación Terrena Longovilo, inaugurada el 22 de julio de 1968 con la participación del Presidente Eduardo Frei Montalva y una antena parabólica gigante, de 30 metros de diámetro. En el discurso inaugural, Astraín destacó las “grandes proyecciones que tenemos hoy para ubicarnos a la cabeza de los países más adelantados en materia de telecomunicaciones. Con este nuevo medio, superamos definitivamente nuestra desventaja geográfica”.

    Santiago Astraín en Longovilo

    Fotografía: Luis Ladrón de Guevara

    A partir de entonces, todas las comunicaciones internacionales de Chile estaban centralizadas ahí. “Longovilo fue un concepto. Para ser la primera estación de su tipo en América Latina y la séptima en el mundo fue impresionante”, dice Claudio Spencer, otro que ayudó a la puesta en marcha. “Ahí está la visión de Astraín, su capacidad de creer, estudiar, convencer a un Gobierno de que había que hacerlo y lanzarse al riesgo”.

    La comunicación vía satélite fue la segunda de dos verdaderas revoluciones tecnológicas que Santiago Astraín lideró en ese viejo Chile. Antes, el terremoto de 1960 había dejado al sur del país incomunicado. “Él es recordado como el pionero”, cuenta Eduardo Carmi, que trepó decenas de cerros para instalar la red de antenas y repetidoras troncal sur que poco después de la tragedia comenzaría a desplegarse desde Arica a Chiloé. “Antes, las llamadas telefónicas dependían de postes que iban por la orilla de la carretera, uno cada 40 metros. Para llegar a Chillán se necesitaban 10 mil. Entonces se formó esta Empresa Nacional de Telecomunicaciones, y gracias a la gestión de Astraín se unió al país con tecnología moderna”.

    Sello postal conmemorativo, 1970
    Sello postal conmemorativo, 1970

    Al sur del Ecuador

    La transmisión del primer paso de un hombre en la Luna hizo patente el salto de Chile al futuro. “Sacar la antena de su operación normal y llevarla a otra posición significaba dejar al país temporalmente sin comunicaciones, pero la Presidencia lo autorizó”, recuerda Andrés Bravari, a cargo de captar y transmitir el histórico momento desde Melipilla. “Eran dos o tres horas desconectados, pero creo que se consideró que mientras estuviera este espectáculo nadie iba a estar hablando por teléfono. Así que cortamos el tráfico, apuntamos hacia el oeste, pasamos por un portezuelo entre cerros de la Cordillera de la Costa y ¡plop! apareció la señal. Hubo un griterío en la estación”.


    Con esta transmisión única en el Cono Sur, las telecomunicaciones chilenas sumaron credenciales suficientes para posicionar a su líder como representante del país en Intelsat, consorcio intergubernamental creado en 1965 para masificar la comunicación satelital. Ahí, el ingeniero desplegó sus dotes de negociador. “Astraín luchó mucho para que no hubiese dominación de los países grandes -señala Spencer-. Había que hacer satélites, que empezaron a ser más eficientes, y los países que tienen peso en esto dominaban dónde se ponía la antena. Él abogaba para que no se olvidaran de los países de abajo, al sur del Ecuador”. Conociendo los desafíos de la geografía chilena, se dio maña para incluir en el acuerdo de Intelsat una cláusula especial: en principio la tecnología no contemplaba conectar un mismo país a través de estos servicios, pero Astraín hizo incluir una excepción para las comunicaciones por satélite de regiones de un mismo país aisladas por barreras geográficas. Eso permitió que más tarde Punta Arenas y Rapa Nui tuvieran comunicaciones satelitales.

    Diplomacia espacial

    Astraín dejó Entel en 1970 y, en paralelo a la docencia en el Departamento de Ingenieria Eléctrica de la U. de Chile, concentró su trabajo en Intelsat, donde dos años más tarde fue nombrado primer secretario general y en 1976 primer director general. Aparte de sus conocimientos técnicos hablaba inglés, francés, algo de alemán, y, mejor aún, manejaba la diplomacia científico-tecnológica.

    Andrés Bravari llegó a ser parte de la Junta de Gobernadores de Intelsat y recuerda que “el año 76, en plena Guerra Fría, invitaron a Santiago Astraín como mediador para lograr la inclusión de Taiwán en Intelsat, como territorio aparte de China. El asunto en alguna forma lo arregló y pudieron entrar”.

    La lista de reconocimientos que recibió el ingeniero incluye el galardón anual de la Federación Astronáutica Internacional (1979), el Premio Nacional de Ingeniería en Chile (2004) y una distinción de la Fundación Arthur C. Clarke por su carrera (2001, el año de la “Odisea en el Espacio”).

    En la entrega de esta última, John Mc Lucas, presidente de la entidad, destacó el rol del chileno en el uso de satélites geoestacionarios “y convertirlos en la realidad tecnológica que ahora conecta a las personas y países del mundo. En un sentido muy concreto, Astraín convirtió la ciencia-ficción de Clarke en un hecho científico”.

    Jorge Atton

    Ingeniero electrónico y ex subsecretario de Telecomunicaciones, 2011 - 2014. Retrato: Felipe Díaz

    Jorge Atton ha dedicado su vida profesional a la gestión de las telecomunicaciones y sus innovaciones desde la esfera privada y pública. Le tocó asumir la Subsecretaría del ramo a dos semanas del terremoto de 2010, con el gran desafío de volver a conectar a los chilenos, y trabajar durante todo su mandato en ambiciosas políticas públicas que marcaron un salto cuántico en el acceso y cobertura de más y mejores telecomunicaciones para Chile.

    Lo público y lo privado

    “Acepté el cargo de subsecretario el 22 de febrero, 5 días antes del terremoto del 27 de febrero de 2010. Fue un desafío tremendo, porque hubo un colapso general de las telecomunicaciones. Hubo un trabajo en equipo absoluto entre las autoridades. De ahí surgió la Ley de Reconstrucción de las Telecomunicaciones para estar mucho mejor preparados en las catástrofes naturales. Se instaló una alerta temprana, se establecieron planes de contingencia. En ese contexto y en otras emergencias que hemos tenido que vivir, como los incendios de Valparaíso, el trabajo de Entel siempre ha mostrado un compromiso con el país”.

    Destrucción en Curanipe, Región del Maule, una de las más golpeadas por el terremoto de 2010

    “Chile es un país geográficamente complejo para el desarrollo de telecomunicaciones. Ahora ya estamos cerca del 98% de cobertura, pero las alianzas público-privadas en este tema son muy relevantes. Me tocó implementar el programa ‘Todo Chile Comunicado’, desde el Estado con Entel. Un proyecto muy emblemático que llevó infraestructuras de telecomunicaciones a zonas remotas donde no había nada. Hubo un salto cuántico de cobertura, pasando de un 73% a un 90%, prácticamente. Fue un proyecto muy bonito. Uno siente orgullo de hacer ese tipo de cosas que tienen un impacto en la comunidad”.

    “A principios de 2011, llegamos a una escuela en la región de Arica para lanzar este programa. Era un establecimiento que estaba prácticamente solo en el territorio. Los alumnos y sus familiares caminaban tres o cuatro kilómetros para llegar, y lo más impactante fue ver a los niños enseñándoles a sus padres lo que es un computador y cómo conectarse a la web. Esas experiencias hacen que se te encoja un poco el corazón, es una gran satisfacción que una alianza público-privada haya podido resolver el problema de la desconexión”.

    Una industria estratégica

    “Llevar la tecnología 5G a la Antártica no es un tema menor. Además de su significado telecomunicacional, también es importante geopolíticamente. Estoy muy contento como ex subsecretario de Telecomunicaciones con que hayamos dado este paso”.

    “Si uno mira el mapa latinoamericano de las telecomunicaciones, en todos los países hay dos grandes operadores que abarcan el 80% o 90% del mercado, y ambos son internacionales. El único país que tiene un operador nacional y que además es líder, es Chile”.

    Eduardo Frei Ruiz-Tagle

    Presidente de la República de Chile, periodo 1994 - 2000. Fotografía: Archivo ABC, Ignacio Gil

    Durante la década de 1990, las telecomunicaciones vivieron grandes innovaciones de las que había que hacerse cargo para mantener al país a la vanguardia. Y ahí estuvo el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ingeniero civil y heredero de la mirada de futuro que su padre, Eduardo Frei Montalva -al mando del país cuando se formalizó la creación de Entel, hace 60 años-, había traspasado a su familia.

    Fundar, llamar, alunizar

    “Entre 1967 y 1968, estuve en Milán especializándome como ingeniero. Un día le dijeron al presidente Frei que le regalaban una llamada telefónica internacional, y me llamó a mí. Yo tenía un teléfono en el escritorio que no usaba casi nunca. Si hablábamos, era una vez al mes, cada dos o tres meses. Cuando sonó el teléfono y escuché su voz al otro lado, me impresionó muchísimo. Fue una sorpresa. Recuerdo que en esa misma llamada le conté, a él que le gustaba tanto la tecnología, que acababa de conocer el primer computador de IBM en Italia, que medía unos 60 ó 70 metros de largo y tenía 3 gigas de capacidad”.

    Un computador IBM 7090, a fines de los años 50

    El presidente Frei Montalva en la inauguración de la Estación Satelital Longovilo, en 1968.  Fotografía: Archivo Entel
    El presidente Frei Montalva en la inauguración de la Estación Satelital Longovilo, en 1968. Fotografía: Archivo Entel

    Pioneros en la conexión

    “Entel fue el primero que conectó a Isla de Pascua y a la Antártica con Chile y el mundo. Se han logrado grandes cosas y hay que seguir haciéndolo, la asociatividad público-privada es fundamental para el desarrollo de los países. La historia de Entel demuestra que es posible y que se puede hacer: esto que se construyó en Chile cuando Frei fundó esta empresa de las comunicaciones hace 60 años, hasta hoy que somos un país que fue pionero en telecomunicaciones en América Latina”.

     Eduardo Frei Montalva y su familia. Fotografía: Biblioteca del Congreso Nacional
    Eduardo Frei Montalva y su familia. Fotografía: Biblioteca del Congreso Nacional

    “El alunizaje lo vimos en la casa de mi padre, con toda la familia. El programa duró más de dos horas. Fue muy emocionante para él y nos dijo: ‘Ustedes van a vivir otro mundo, otras comunicaciones, otras maneras de relacionarse’. Tenía una visión extraordinaria: hizo leyes tan importantes como la Reforma Agraria; el tema educacional; recién llegado a su gobierno prácticamente creó Entel para conectar a Chile y a Chile con el mundo; pero además tenía una mirada de futuro que siempre compartió con nosotros, con sus hijos, con su familia”.

    “A Santiago Astraín, el primer gerente general de Entel, lo conocí en la escuela de ingeniería. Era mayor que yo, estaba dentro de los que nosotros veíamos ya como grandes ingenieros, de la talla de Raúl Sáez, el gran fundador de Endesa; o Fabián Levín, el fundador de la CAP”.

    La llegada del Internet y el multicarrier

    “Partiendo en 1994, como gobierno materializamos en los primeros dos o tres años más de 64 tratados que tiene el país. Así conectamos a Chile con el mundo. Esa modernización y esa apertura era imposible sin comunicaciones y sin infraestructura. Hoy, como presidente del Consejo de Políticas Públicas de Infraestructura (CPI), trabajamos por la infraestructura de telecomunicaciones, y también por la vial, terrestre y aérea. Esa es la forma de que Chile esté conectado con el mundo, tal como está hoy: manteniendo una red completa.

    En mi gobierno partimos con el multi-carrier para llamadas de larga distancia; también con la reducción de los cargos de acceso a las redes de telefonía móvil para fomentar la competencia, y con la digitalización de la telefonía móvil que en esa época era 2G. Después, hicimos toda la conectividad nacional e internacional para la expansión de Internet y un libro blanco de televisión digital, para que la gente comprendiera en qué mundo íbamos a vivir y cómo se iba a desarrollar”.

    Eduardo Frei Ruiz Tagle en 1995

    “Para potenciar a los grandes sectores rurales de Chile, donde se producen alimentos que se exportan a todo el mundo, creamos el Fondo de Desarrollo de las Telecomunicaciones. También fue clave el programa Enlaces, con el cual llevamos computadores a las escuelas”.

    Con los ojos en el futuro

    “En Asia hay más de 100 ciudades que tienen más de 20 millones de habitantes. Nosotros somos muy pequeños y para competir en el mundo tenemos que desarrollar todo nuestro ingenio, toda nuestra esperanza, toda nuestra audacia. Y eso se hace hoy con comunicación y con infraestructura. Es parte de lo que tenemos que seguir cultivando.

    La fibra óptica austral es muy importante para estar mejor conectados. Hoy hay miles de conexiones: si miramos el mapa de la fibra óptica en el hemisferio occidental, es una malla. Si miramos el del sur, no hay ninguna. Tenemos que apuntar hacia Asia, donde está todo nuestro comercio exterior”.

    Ilustración: Luis Mazón

    “Ahora se viene la Inteligencia Artificial, las nuevas tecnologías que tenemos que adaptar a nuestra realidad. Para eso necesitamos recursos e invertir en I+D. Ya vamos en el 5G, con empresas de todo el mundo que vienen a invertir en telecomunicaciones, en educación y en otros sectores de la economía. Que lo hagan respetando la Ley chilena y los tratados internacionales que hemos firmado. Esa es la base para poder seguir construyendo el futuro”.

    Alejandro Alaluf

    Periodista especialista en tecnología. Retratos: Felipe Díaz

    El futuro: un desafío

    “El smartphone es probablemente el aparato más importante para un ser humano. Es una extensión de nuestra vida, desde lo personal, la productividad, lo académico. Es nuestro mejor amigo, pero más allá de eso, es una extensión de todas nuestras necesidades. El hecho de que el teléfono esté conectado a Internet, es como el hecho de tener electricidad en el hogar. La idea es que el campo de conectividad funcione de la misma manera, que siempre esté ahí: en la calle, en el trabajo, en la casa. A mayor conectividad, mayor permeabilidad para que las labores y las necesidades de cada persona puedan ser realizadas de manera satisfactoria, sin dependencia”.


    “En lo macro, los desafíos futuros de las telecomunicaciones tienen que ver primero con asegurarse que todos los habitantes de un país tengan acceso a la conectividad. Y que ojalá esté siempre presente, sin barreras. Al momento, de Arica a Punta Arenas, incluyendo áreas rurales, Isla de Pascua y cualquier otro sector del territorio nacional, se puede tener una accesibilidad garantizada. Posteriormente, los próximos desafíos tienen que ver con el avance de las nuevas tecnologías”.

    “La inteligencia artificial se transformó en la gran cara de la innovación, y el desafío es que ese tipo de tecnología pueda llegar a todo tipo de usuario. Aquí, nuevamente, el teléfono celular va a ser el elemento más trascendental en llegar a todas estas nuevas metas, para que funcione todo de manera correcta, cada vez más rápida, más fluida, sin barreras de entrada. Ojalá que cada persona pueda tener un dispositivo móvil lo más nuevo posible, con la posibilidad de acceso a las nuevas tecnologías para mejorar la vida en todo orden de cosas”.